EL ACOMPAÑAMIENTO EMOCIONAL A LA INFANCIA

AUTORAS: Laia Piqué y Núria Gros

En el presente artículo escribiremos sobre uno de los temas que más os interesa a las familias y a todos aquellos profesionales de la relación con la infancia: EL ACOMPAÑAMIENTO EMOCIONAL. La dificultad, a veces recae en entender que cuando hablamos de acompañamiento emocional no nos estamos refiriendo a un conjunto de técnicas o dinámicas para aplicar, sino que nos estamos refiriendo a un campo que tiene que ver con nosotros como adultos: ¿Cómo gestiono yo mis propias emociones? ¿Qué emociones tienen espacio o no en mi vida? ¿Cómo vivo yo mi propia rabia, mi tristeza …? La mirada y el acompañamiento que nos hacemos a nosotros mismos, está directamente relacionado con nuestro estilo a la vez de acompañar a los niños y niñas. Si los adultos no nos respetamos emocionalmente es difícil poderlo hacer diferente con ellos.

¿QUÉ SON LAS EMOCIONES?

Para empezar, es importante hacernos la siguiente pregunta: ¿Qué es una emoción? Una emoción es información íntima sobre lo que me está pasando en este momento, es decir, en el aquí y ahora. Hablar de emociones es referirse a tránsitos, no a estados. Nadie puede estar permanente alegre, sólo hay situaciones alegres. Sin embargo, los adultos, muchas veces tenemos la sensación de vivir instalados o estancados en un estado emocional: tristeza, rabia, alegría …. (fijación emocional). Es muy importante tratar de prevenir la fijación emocional en los niños, por eso es imprescindible atender primeramente las necesidades básicas de los niños y niñas (amor, protección, cuidado, alimentación, autonomía…), ya que nuestras emociones nos hablan de necesidades, a menudo de necesidades que no tenemos cubiertas.

Hay 4 emociones básicas: el miedo, la rabia, la alegría y la tristeza. Son vivencias internas que se ha comprobado compartimos todas las personas, tengamos orígenes culturales o históricos diferentes. Estas 4 emociones básicas son necesarias para mantenernos en un equilibrio emocional, lo que quiere decir que tenemos que poder vivirlas y expresarlas todas, esto nos ayuda a estar saludables.

¿QUÉ ENTENDEMOS POR ACOMPAÑAMIENTO EMOCIONAL?

Cuando hablamos de acompañamiento emocional nosotras lo entendemos como la capacidad de estar presentes y disponibles ante el mundo emocional propio y del otro. A pesar de ser fácil de decir esta actitud es muy difícil de realizar porque el mundo emocional de nuestros hijos no nos deja indiferentes. Por eso es importante preguntarnos y ser conscientes sobre: ​​¿Qué juicio hago yo como adulto ante las emociones que presenta mi hijo o hija? Debemos ser conscientes de que las emociones las juzgamos según las propias creencias familiares y culturales ya que todos hemos nacido en un sistema familiar donde las emociones, y el modo de gestionarlas, estaban en juego según unas pautas y unas dinámicas concretas. Si hay emociones buenas y emociones malas, yo intentaré vivir sólo en las buenas y juzgaré e intentaré evitar las malas. Pero como decíamos antes, estas 4 emociones básicas son todas necesarias y deben estar presentes en nuestra vida. Los niños para adaptarse a la familia y ser queridos comenzarán a vivir su campo emocional según las creencias familiares y a sesgar su sentir en función de lo que sientan que se espera de ellos.

De igual importancia, es poner conciencia sobre cómo gestiono yo las emociones como adulto, sólo si aprendemos a no juzgar y a permitirnos nuestro propio mundo emocional, podremos permitir el mundo emocional del otro. “Como dentro fuera”.

Atender de manera conveniente las cuatro emociones básicas es sinónimo de reconocerlas, no juzgarlas, y aprender a acompañarlas. En el caso de los niños y las niñas, estos aprenderán a gestionarlas en tanto se hayan sentido acompañados y respetados en su tránsito, por eso es imprescindible que los adultos en acompañar a los niños nos des-identificamos de las emociones que nos surgen ante su emocionalidad.

¿CÓMO PODEMOS ACOMPAÑAR EMOCIONALMENTE A LA INFANCIA?

Aunque no hay recetas mágicas, podemos compartir con vosotros algunas orientaciones que os servirán para acompañar las emociones de vuestros niños y niñas de manera más saludable y respetuosa:

  • El primer paso es aceptar las cuatro emociones básicas como estados emocionales válidos, que forman parte de la vida. Esto pasa por reconocer y aceptar la alegría, la tristeza, el miedo y la rabia en nosotros. Todo acompañamiento empieza por nosotros mismos.
  • La disponibilidad y la presencia es otro elemento importante, acompañar a vuestros hijos e hijas de manera incondicional para lo que necesiten expresar: llorar, gritar, enfadarse … Para poder estar presentes y disponibles primero debemos des-identificarnos de las emociones que presenta nuestro hijo/a. Rebajar el discurso interno que nos lleva a la exigencia y a la culpa, haciéndonos pensar que todo lo que les pasa tiene que ver con nosotros exclusivamente.
  • Escuchar con atención plena lo que nos cuentan y pedirles lo que necesitan. Muchas veces estamos más pendientes de dar una respuesta, que de escuchar lo que realmente nos están contando. Dar espacio y reconocer sus sentimientos, sin negarlos, minimizarlos ni ignorarlos. Es importante dar un espacio a la individualidad y al propio sentir de cada niño, para no pasarles por delante, muchas veces actuamos sin responder a su necesidad real, la gran mayoría de veces, actuamos en función de nuestra propia necesidad, para quitarnos la angustia, el miedo, la culpa…
  • Saber leer el campo emocional, muchas veces los niños presentan emociones como frustración, impotencia, tristeza, rabia… que no responden al momento actual. Como adultos, tenemos que intentar leer el mundo emocional de los niños y las niñas para saber qué necesidad básica no se está cubriendo y está generando un cuadro emocional determinado. Por ejemplo, si un niño pasa muchas horas con los abuelos y cuando llega su madre a recogerlo se enfada constantemente con ella por cualquier pequeña cosa, es importante que la madre pueda ampliar la mirada y leer más allá de la pataleta, posiblemente su hijo le esté reclamando más presencia y disponibilidad.
  • No juzgar las emociones como buenas o malas, eso nos ayudará a desculpabilizar a los niños de su estado emocional “es que eres …, mira cómo te pones …”. Un niño que tiene las necesidades básicas cubiertas tendrá una emocionalidad saludable. Si empezamos a sentir que nuestro hijo/a no las vive de manera sana debemos preguntarnos qué cosas han pasado o están pasando que lo puedan estar afectando.
  • Respetar el ritmo de cada niño/a, cada uno es diferente y es importante respetar su individualidad y ritmo propio sin forzarlo.
  • Dejar las justificaciones, procurar no perderse en explicaciones racionales que sólo responden a la necesidad que tenemos los adultos de aliviar nuestro propio malestar. Si los niños notan que a nosotros nos incomoda su emoción, empezarán a sentirse incómodos ante su propio campo emocional y des de ahí empezarán a sesgarlo.

Por último, nos gustaría terminar este artículo diciendo que acompañar emocionalmente a los niños y niñas es una gran escuela de crecimiento personal que nos da la posibilidad de observar y atender a nuestro propio mundo emocional. A la vez, nos da la posibilidad de ver la espontaneidad emocional de los niños y aprender de ella.

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