COMO PONER LÍMITES A LOS NIÑOS/AS DE MANERA RESPETUOSA?

Autoras: Núria Gros y Laia Piqué

Uno de los temas que más preocupaciones, dificultades y preguntas os genera a las familias en vuestro día a día es el tema de los límites. ¿Cuándo y cómo debemos poner límites?, ¿Qué límites son adecuados y cuáles no?, ¿Un límite es un castigo? En este artículo profundizaremos en esta temática poniendo atención y observando los diversos aspectos que a nivel personal nos pueden estar dificultando el poner límites a los niños y niñas.

¿QUÉ SON LOS LÍMITES?

Los límites forman parte de la vida, las células de nuestro cuerpo están formadas por una membrana que es el límite entre el adentro y el afuera, nuestra piel es un límite entre el yo y el entorno, nuestras casas tienen paredes que hacen de límite entre nuestro hogar y el del vecino… todo lo que nos rodea tiene límites.

Los límites cuidan y responden al bienestar y a las necesidades de los niños, de los adultos y del entorno. Dan seguridad y ayudan a los niños y niñas a entender cómo funciona su mundo y relacionarse con este de manera sana y nutritiva. Los límites, puestos desde la seguridad, la tranquilidad y la disponibilidad, son un acto de amor.

¿QUÉ DIFICULTADES NOS ENCONTRAMOS LOS ADULTOS A LA HORA DE PONER LÍMITES?

A menudo poner límites nos hace sentir culpables ya que mueven la emocionalidad de nuestros hijos e hijas. Ante un límite que los frustra, suelen reaccionar enfadándose, poniéndose tristes… estas emociones, reclaman de nuestra presencia, disponibilidad, capacidad de acoger y acompañar la emoción del niño/a. Esto es difícil de hacer, cuando a menudo sólo vemos nuestros hijos un rato por la noche después de jornadas laborales maratonianas.

Por otra parte, la creencia a menudo es que los niños y niñas son más felices cuando están contentos, por eso cuando lo vemos llorar o enfadarse ante un límite creemos que los estamos perjudicando. Es importante romper con esta creencia limitante, ya que la felicidad no está relacionada exclusivamente con la alegría, un niño será más saludable y por tanto, en conjunto más feliz, cuando sea capaz de transitar por las distintas emociones (alegría, tristeza, rabia, miedo) que aparecen en el transcurso de la vida, sin quedarse fijado en una concreta.

Asimismo, cuando ponemos un límite, debemos observar más allá de lo que está sucediendo en ese momento concreto. Es decir, a veces la emocionalidad (tristeza, rabia …) que presentan los niños frente a un límite puede no estar directamente relacionada con aquella situación concreta que como adultos estamos limitando, sino con un conjunto de emociones acumuladas y no gestionadas derivadas de necesidades no satisfechas (celos por nacimiento de hermanos, necesidad de compartir más tiempo con los padres …). Poder entender que el comportamiento de los niños y las niñas está relacionado con la necesidad que tienen de recibir presencia, amor y cuidado por parte de los adultos, hace que podamos leer sus actuaciones de manera más profunda y podamos acoger y dar respuesta a su necesidad auténtica.

Otra de las dificultades que observamos, es que a menudo los padres y madres relacionáis los límites con una educación autoritaria, que os puede recordar a la que recibisteis cuando erais pequeños. En este sentido, es básico aprender a diferenciar la autoridad del autoritarismo, así como los límites de los castigos, un límite responde a la necesidad de cuidar al niño y son consecuencia directa de un acto que el niño debe aprender a hacer de manera diferente.

Muchas veces, la dificultad en manejar los límites con los niños viene derivada de la dificultad que tenemos como adultos en poner límites en los diferentes ámbitos de nuestra propia vida (en el trabajo, con la pareja, con los amigos …) si como adultos somos capaces de validar nuestros propios límites, haremos de espejo a nuestros hijos/as, ayudándoles a integrar sus límites sin juzgarlos.

¿COMO PONER LOS LÍMITES?

Aunque no hay recetas mágicas, ni fórmulas magistrales, sí que podemos decir que tenemos que tener en cuenta los siguientes aspectos:

  • Los límites deben responder a las necesidades y momento evolutivo del niño o niña.
  • Son consecuencia directa de la acción del niño o niña, por lo tanto, deben ser proporcionales.
  • De forma clara, concreta y acotada en el tiempo.
  • Sin justificaciones y sin perdernos en explicaciones racionales que sólo responden a la necesidad que tiene el adulto de aligerar su propio malestar.
  • Con seguridad, tranquilidad y respeto.
  • Situándonos en una posición que nos podamos mirar a los ojos a la misma altura.
  • Sin juzgar ni desvalorizar al niño o la niña.
  • Sin pactos o negociaciones y sin entrar en roles igualitarios que les generen confusión.

Para terminar, decir que, una vez puesto el límite, es imprescindible que los adultos lo mantengamos y seamos capaces de acoger las emociones que emergen, acompañando a los niños y niñas a manejar la tristeza, la rabia, la frustración, la impotencia … que puedan estar sintiendo. Sin juzgarlos, simplemente estando a su lado, presentes y disponibles, esta es una de las claves para transformar la relación con nuestros hijos e hijas y poder gestionar los límites desde el amor, entendiéndolos como un acto que cuida.

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